«No hay camino para que la revista recupere la confianza en su actual propietario»: David Velasco y Kate Sutton reflexionan sobre la situación de Artforum

Entrevistas 26 mar de 2025

POR DAVID VELASCO & KATE SUTTON

       

David Velasco

David Velasco

El 19 de octubre de 2023, Artforum publicó «Una carta abierta de la comunidad artística a las organizaciones culturales», en la que se pide «el fin de la matanza y el daño a todos los civiles, un alto el fuego inmediato [y] el paso de ayuda humanitaria a Gaza». Días después, Penske Media —corporativo editorial que había adquirido Artforum a principios de año— despidió al editor en jefe David Velasco. Casi la mitad de la redacción, incluida la directora Kate Sutton, dimitió en protesta por el despido de Velasco, y más de setecientos artistas y escritores firmaron un boicot a las publicaciones de Penske, que desde entonces ha sido ratificado por la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI). El 14 de marzo de 2024, Artforum nombró a Tina Rivers Ryan editora en jefe. No se produjeron cambios en el equipo directivo responsable de la baja de Velasco. En esta conversación, Velasco y Sutton reflexionan sobre la situación.
La entrevista fue publicada originalmente hace un año en el segundo número de la revista australiana Memo, en su edición de Primavera/Verano 2024. Ante un presente donde el silenciamiento continúa bajo la retórica que busca ofuscar la dimensión política del arte, Arteinformado decidió traducir esta entrevista al español como un gesto de solidaridad que busca amplificar y continuar con la reflexión en torno a la responsabilidad editorial de los medios de comunicación en el arte, así como recordar sobre el aún vigente boicot a Artforum.

Kate Sutton (KV): Han pasado más de seis meses [ahora un año] desde que todo se vino abajo con Artforum, pero la conversación sigue pareciendo muy agitada, e igual de relevante.

David Velasco (DV): He hablado con muches artistas y académicos palestines a quienes se les ha pedido que participen en algún tipo de dossier sobre «Israel/Palestina» en el número de verano [2024]. Muches no sabían que había un boicot, o no conocían detalles de lo que ocurrió en la revista en octubre, sólo que me despidieron y que algunas personas dimitieron. A medida que pasa el tiempo, el peligro es que la gente se olvida, o da por hecho que las cosas se han abordado o resuelto.

KS: Bueno, no ayuda que hace más o menos un mes, la nueva editora en jefe, Tina Rivers Ryan, emitiera un comunicado reafirmando que la revista es un lugar para la libertad de expresión, pero olvidando mencionar que ocupa este puesto porque la persona que lo ocupaba antes que ella fue despedida por compartir una carta de apoyo a Palestina. Esto plantea la cuestión de cuál habría sido la respuesta ideal. Porque me imagino a la gente mirando el número de verano y diciendo: "Eh, han puesto a un artista palestino en la portada, ¿no es estupendo? ¿No demuestra eso que se ha producido un cambio en la revista?".

DV: Las voces palestinas estaban muy presentes en la revista antes de Penske. La portada del número de The Museum Now del verano de 2021 era una foto de la instalación de la obra de Nida Sinnokrot en el Museo Palestino, que iba unida a una conversación con la entonces directora Adila Laïdi-Hanieh. En 2022 realizamos importantes reportajes sobre Basel Abbas, Ruanne Abou-Rahme y Jumana Manna. No es que de repente les artistas palestines sean ahora bienvenides.

Artforum International Magazine (Verano 2021) «The Museum Now»

Lo que está en juego es que en un momento crítico de la historia, cuando les editores optaron por amplificar las voces de miles de artistas y trabajadores culturales que esperaban tener un impacto directo e inmediato en Gaza, la editorial se puso del lado de un puñado de anunciantes. ¿Cómo vamos a confiar en los propietarios de la revista si sabemos que responderán así bajo presión? Así que, sí, por supuesto que queremos que las revistas eleven las voces palestinas, en este momento y siempre. Lo que no queremos es que esta revista explote las voces palestinas para blanquear la marca.

¿Cuál sería la respuesta ideal? Que la revista pasara a manos de propietarios que pudieran ocuparse de ella como es debido. Porque tal y como yo lo veo ahora, no hay camino para que la revista recupere la confianza en su actual propietario.

KS: Tras la publicación de la carta, muches de les artistas firmantes se encontraron en el punto de mira, con personas que intentaban vender sus obras, cancelar sus exposiciones o darles de baja de sus galerías. Para muches de elles era la primera vez que se enfrentaban a este tipo de campaña coordinada. Pero para otres, sobre todo a escala internacional, ese tipo de presión es normal. Es estupendo que la revista quiera dar a conocer a les artistas palestines, pero parece que sólo lo hace en un momento en que le parece conveniente, cuando el riesgo es menor, cuando una mayor parte de la comunidad mundial reconoce la calamidad de la ocupación israelí.

DV: Cuando publicamos la carta abierta el 19 de octubre, era la víspera de la invasión terrestre de Israel en Gaza, y esperábamos, muy ingenuamente por supuesto, que pudiéramos tener el más mínimo impacto en la conversación. Era un riesgo profesional para las personas que firmaron, y ese riesgo es parte de lo que le dio impacto.

Siempre me ha sorprendido la gente que me ha dicho: «Bueno, la carta enfadó a la gente, así que no fue eficaz». Y yo digo: «No, eso significa que fue eficaz». Cuando trabajas con una plataforma de este tipo, quieres hacer uso de ella, quieres que las cosas tengan impacto. El impacto a menudo se parece a la división. Creas una oportunidad para que la gente aclare cuál es su posición.

Por supuesto, los riesgos también exigen solidaridad: se necesita gente que apoye lo que ha firmado. Incluso si, especialmente si, hay presiones. Cada persona que retiró su nombre de la lista puso en peligro a todos los demás. Debilitaron el contrato de solidaridad. No se trata de individuos. No se trata de ti y de tu carrera.

Volviendo al boicot, ha habido gente que me ha llamado para preguntarme qué me parecería que participaran en la edición de verano. Los sentimientos son hechos, pero son malos argumentos. No importa cómo me sienta. Tengo sentimientos al respecto, pero eso no es lo que importa. Lo que importa es que hay más de setecientas personas que firmaron un boicot a la revista y a otras publicaciones de Penske. También hay un boicot de PACBI. Así que se trata de la solidaridad y la seguridad de las personas que están adoptando una postura. Todos los que contribuyen a la revista ahora mismo están, en efecto, poniendo a esas setecientas personas en peligro. Están diciendo jódete.

5 de abril de 2019 protesta de Decolonize This Place en el Museo Whitney, Nueva York NY, por la propiedad del vicepresidente de la junta Warren Kanders de Safariland, un fabricante de gas lacrimógeno y otras armas. Fotografía por Perimeander vía Wikimedia Commons

Que Tina intente (y no lo consiga, al parecer) publicar un número sobre Palestina a estas alturas y afirme que, de algún modo, es una continuación del compromiso de la revista con el activismo y la defensa de los derechos humanos, es un engaño. Está utilizando la reputación de la revista, antaño valiosa, como cebo para artistas precarios. Acabo de leer su primera carta a la redacción en el número de verano y me hace gracia que pueda «reconocer» que se ha castigado a gente por sus opiniones propalestinas y, sin embargo, no pueda reconocer que la razón por la que ella tiene su trabajo es que a mí me despidieron por publicar una declaración en apoyo de la liberación palestina. La carta de Tina es un brillante ejemplo de cómo las instituciones interpretan cínicamente el «reconocimiento» para ofuscar una cuestión.

KS: Mientras tanto, los artistas y escritores que han boicoteado la revista están renunciando a acceder a una plataforma muy poderosa. Especialmente ahora, cuando hay tan pocas oportunidades para ese nivel de debate crítico sobre el arte a escala mundial.

DV: Este es el momento en que el rechazo es más importante. Y en ese sentido, recuerda a la situación con la Bienal de Whitney y Warren Kanders. Como sabrás, en 2019 encargamos y publicamos un artículo titulado "The Tear Gas Biennial" [La Bienal del gas lacrimógeno], escrito por Tobi Haslett, Hannah Black y Ciarán Finlayson. Para contextualizar, los colectivos Decolonize This Place y W.A.G.E. habían intentado movilizar un boicot antes de que se inaugurara la Bienal del Whitney, para protestar por el hecho de que el entonces vicepresidente del Museo Whitney era Warren Kanders, el CEO del fabricante de armas Safariland, cuyos botes de gas lacrimógeno se estaban utilizando en la frontera de Estados Unidos, así como contra las protestas de Black Lives Matter y los manifestantes del oleoducto, e incluso en Palestina. Hubo protestas en el museo y Michael Rakowitz retiró sus obras con antelación. Fueron unos primeros pasos cruciales, pero Kanders seguía en el consejo.

A los pocos meses de empezar la Bienal, Hannah, Tobi y Ciarán decidieron argumentar por qué los artistas deberían continuar boicoteando, aunque ya estuvieran en la exposición. Es un argumento muy hábil y conmovedor, y uno de los artículos de cuya publicación me siento más orgullosa. Cualquiera que quiera pensar críticamente sobre cómo hacer política con el arte debería leerlo. Lo publicamos y, dos días después, publicamos una carta abierta firmada por cuatro artistas de la Bienal —Korakrit Arunanondchai, Meriem Bennani, Nicole Eisenman y Nicholas Galanin—, que decidieron boicotear la exposición. Pocos días después, Kanders dimitió. Saco el tema a colación por las observaciones de Tobi, Hannah y Ciarán. Los citaré, ya que lo expresan muy bien:

«También hemos oído que el esfuerzo por politizar la Bienal equivale, en primer lugar, a racismo, porque impone una carga injusta a los artistas de color, que deberían ser celebrados en esta Bienal de mayoría minoritaria, y, en segundo lugar, a una expresión de privilegio de clase, porque "los artistas tienen que comer". Este argumento va en contra de la historia y da la vuelta a las nociones mismas de huelga y boicot, como si fueran marcas de lujo y no actos de lucha. Aunque en algunos casos se hace de buena fe, este punto de vista promueve la ficción reaccionaria de que las personas marginadas o de clase trabajadora son los receptores pasivos de la actividad política, en lugar de su principal impulsor. Las oportunidades de negarse colectivamente no son cargas injustas, sino continuaciones de la resistencia colectiva.»

Sí, hay algo en juego. Sí, a menudo lo que está en juego es más importante para los que menos tienen. Esto no es una razón para no hacerlo; es simplemente reconocer los hechos de la lucha. Es un argumento a favor de la necesidad de la acción colectiva.

Protestas de P.A.I.N. frente al Museo Louvre en París en julio 2019. Fotografía por y cortesía de P.A.I.N.

KS: ¿Cuál fue la respuesta de la revista en aquel momento?

DV: Fue algo que encargamos y publicamos. Se originó entre nosotros, así que hubo discusiones en la redacción.

KS: Lo mismo que con el encargo de Nan Goldin que desencadenó su campaña P.A.I.N. para responsabilizar a la familia Sackler de su papel en la crisis de los opioides, ¿no?

DV: Bueno, el portafolio de Nan Goldin formó parte de mi primer número como editor en jefe, así que participé regularmente en las conversaciones con la editorial. Y también fue en la revista impresa, no sólo en línea como la «Bienal del gas lacrimógeno», lo que significaba que había más conversación en general. La editorial era un interlocutor valioso, tenía una larga relación con la revista y yo confiaba en sus consejos. Con el artículo de Kanders, recuerdo haber hablado con algunos de los miembros de la editorial sobre su publicación, aunque no hablamos de la carta abierta de los artistas. Creo que probablemente eran conscientes de que causaría revuelo, pero también de que eso es lo que hace la revista. La estructura editorial también era muy diferente en aquel momento, con una comunicación más general entre la redacción y la editorial. Pero quiero ser prudente en este punto, porque creo que el hecho de que me comunicara con la editorial sobre, por ejemplo, la carpeta de Nan Goldin, se ha utilizado en mi contra para sugerir que esto creó un «protocolo editorial» de cómo se manejarían las cosas, lo que es una caracterización errónea…

KS: La razón de tu despido fue exactamente esa, como si hubieras violado un protocolo codificado. Creo que ha habido mucha confusión sobre cuál es el papel de los editores y qué significa realmente la integridad editorial. Traigo esto a colación porque, tras tu despido, hubo quien contraargumentó: «Bueno, también es tu responsabilidad velar por la salud financiera de la revista, para que sobreviva», como si sobrevivir fuera suficiente.

DV: Mira, para ser editor en jefe de una revista como Artforum, sobre todo en la época en que me entregaron las riendas, hacía falta un cerebro muy político. No es que no fuera consciente de los factores que intervenían en la supervivencia. Conozco la supervivencia. Es sólo que la supervivencia económica no era lo primero y más importante en mi mente. El dinero va y viene. Es posible tener muy poco y de repente tener más. No es el caso de la credibilidad.

Fui a ferias de arte, probablemente más que ningún otro editor antes que yo. Pasé mucho tiempo con galerías. Haces todo lo que puedes para posicionar la revista de tal manera que pueda hacer el trabajo que realmente tiene que hacer, que, a mi entender, es cultivar escritores, decir algo sorprendente sobre artistas significativos, avanzar en la política de izquierdas y hacer las intervenciones críticas necesarias. Y luego hay que hacer el trabajo constante de persuadir a la gente de que merece la pena apoyar esto, aunque no vean ningún beneficio inmediato.

KS: Ha habido personas que han intentado desacreditar la decisión de la redacción de utilizar la plataforma para compartir una carta abierta que procedía de una comunidad de artistas, una comunidad de nuestros colaboradores, planteando la pregunta: ¿Fue esto «responsable»? Lo cual, francamente, es una forma interesante de enmarcar un llamamiento al alto el fuego y al fin del genocidio.

Screenshot que muestra la entrada en el website de Artforum donde se publicó la carta en solidaridad con Palestina el 19 de octubre de 2023

DV: «Responsabilidad» para mí es una pista falsa. Tenía muy buenas razones para hacer lo que hice. Sabía que la revista, al ser una publicación de izquierdas en una coyuntura histórica importante, necesitaba posicionarse, que no podía quedarse al margen. En aquel momento vi cómo otras publicaciones respondían…

KS: … o no respondían.

DV: Cierto. Sí, había varias revistas que no respondían, pero las que yo respetaba, e incluso algunas que me inspiraban sentimientos encontrados, sí lo hacían. Y algunas de ellas respondían de un modo que me parecía impresionante. Así que supe que teníamos que hacer algo. Hablé con casi todos los miembros de la redacción sobre cómo podría ser. No encargamos la carta. Al principio, nos dijeron que otra publicación iba a publicarla al mismo tiempo, pero desistieron, lo cual está bien. Cuando llegó a mi mesa, estaba firmada por varios miles de personas, incluidos más de nuestros artistas de portada de los que creo haber visto nunca en una sola carta. Contaba con un amplio consenso de lo que yo consideraba nuestros integrantes críticos. Y había que hacerlo rápidamente. No era algo sobre lo que pudiéramos estar sentados durante días. Tuvimos horas. Y tomamos la decisión correcta. No estoy seguro de qué «protocolos» siguen ahora las personas que dirigen el proyecto, pero están facilitando algunas decisiones bastante débiles. Y han tenido todo el tiempo del mundo.

KS: El impacto fue inmediato cuando publicamos la carta. No fueron sólo las cartas de indignación; hubo mucho apoyo, de gente que estaba agradecida de que se alzaran voces a las que tradicionalmente no se les daba ese tipo de tribuna.

DV: Por supuesto.

KS: Es decir, durante los primeros meses sentí sobre todo pena, pero también me di cuenta de que mi dolor personal por lo que para mí era la pérdida de una revista que había significado tanto en mi vida, y sé que también en la tuya, tenía como telón de fondo el horror de lo que estaba ocurriendo en las noticias. No es difícil mantener la perspectiva.

Al mismo tiempo, estos últimos meses, mucha gente me ha animado a construir algo nuevo. No quiero ser cínico, pero creo que hay una razón por la que tantas revistas han cerrado o han sido vendidas a mataderos como Penske. Hay una razón por la que las conversaciones han tomado la forma que han tomado. Me cuesta ser optimista. Recientemente ha habido algunos intentos de fundar nuevas publicaciones, pero está muy claro que necesitamos nuevos modelos. No me refiero sólo a que necesitemos estar en línea, ser interactivos, etc. Creo que hubo un momento en el que nos creímos la idea de que el espacio en el que podíamos hablar de arte y política era un espacio seguro, que no había nada realmente en riesgo, sólo una especie de representación de supuestos valores compartidos etiquetados con nociones de cuidado o el Antropoceno, o lo que fuera. Y, en cierto modo, olvidamos que las palabras pueden tener riesgo y pueden tener impacto, como vimos con "The Tear Gas Biennial". Y ese riesgo y ese impacto es lo que hace que valga la pena hacer esto.

Fotografía por y cortesía de Efrem Efre

Así que todavía estoy de luto por la pérdida de un espacio como ese. Y no es por despreciar los esfuerzos de publicaciones de todo el mundo que intentan romper estos moldes. Pienso, por ejemplo, en Momus, que ha tomado la difícil decisión de analizar en profundidad de dónde obtiene su dinero y codificar realmente de quién aceptará dinero y de quién no, incluso en un momento en el que su supervivencia no está garantizada. Y puede que no tengan el mismo perfil internacional, pero es increíblemente inspirador ver a gente que, en este momento tan agotador, aún puede encontrar la energía para decir: "Podemos construir algo diferente, puede haber algo que tenga el aspecto que queremos que tenga." Que pague equitativamente, que reconozca la mano de obra, que establezca estos principios y se ciña a ellos, incluso si eso significa que no es cómodo a corto o largo plazo.

DV: Ahora mismo hay enormes lagunas en el panorama de los medios de comunicación. Vacíos enormes. Y también hay grandes publicaciones que hacen un trabajo increíble. Pero el vacío dejado por Artforum es enorme. Y no creo que se pueda reproducir. Y tal vez eso está bien. Tal vez no necesita ser replicado. Pero, ya sabes, si yo fuera a empezar algo, me gustaría hacerlo de una manera que fuera muy intencional, con los socios adecuados.

KS: Quizá este debería ser el último punto, pero mucha gente se ha preguntado por qué la revista tenía que responder. Y creo que una de las cosas que me han quedado más claras en estos meses es que no me gustaría formar parte de una publicación que no dijera nada. No me gustaría formar parte de una publicación que sólo habla cuando le resulta cómodo. Como vimos con la invasión rusa de Ucrania. Nadie se opuso nunca a que diéramos una plataforma muy clara a los artistas ucranianos con los diarios de Yevgenia Belorusets o el dossier de Nikita Kadan para la revista.

Pero no me gustaría trabajar donde la comodidad es la prioridad. Comodidad y supervivencia, en un momento en el que nos planteamos qué significa sobrevivir.

DV: Absolutamente. Tú y yo trabajamos para la revista en la que queríamos trabajar. Construimos la revista que queríamos construir con colegas a los que queríamos y admirábamos. Y cuando esa revista que construimos entró en conflicto con la revista que querían los propietarios, entonces esa revista dejó de existir. Y nos fuimos. Eso es lo básico.



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