Crítica 26 feb de 2025
por Lorena Tabares Salamanca
Grada Kilomba, "Illusions Vol. III, Antigone", 2019. Fotograma. Imagen cortesía de la artista y del Museo Reina Sofía
La investigadora y curadora Lorena Tabares analiza «Opera to a Black Venus de Grada Kilomba en el Museo Reina Sofía, resaltando cómo la exposición confronta las narrativas coloniales y recupera la memoria de la Negritud mediante instalaciones y performances.
Opera to a Black Venus. ¿Qué nos diría mañana el fondo del océano si hoy se vaciara de agua? es la primera exposición individual de la artista afro-portuguesa Grada Kilomba en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). Anunciada como la más completa hasta ahora en España, nos da una perspectiva de su trabajo desde 2016 hasta la fecha, incluyendo una obra homónima al título de esta selección, la cual es su más reciente apuesta creativa con el apoyo conjunto del Staatliche Kunsthalle Baden-Baden y esta institución madrileña.
En concreto, el cuerpo de videoinstalaciones, instalaciones, obras sonoras, teatrales y performativas, está organizado en tres salas y un pasillo del tercer piso del Museo y se compone por: Opera to a Black Venus (2024); Labyrinth (2024); Compressed Time (2024); Sounds of Water (2023); 18 Verses (2022); Table of Goods (2017); The Desire Project (2016) y la trilogía A World of Illusions (2017-2019) con Illusions vol. I Narcissus and Echo, Illusions Vol. II Oedipus e Illusions vol. III Antigone.
Bajo la curaduría de Manuel Borja-Villel, la exposición incorpora la reiteración transformadora del pasado de la Negritud como memoria, trauma y perturbación temporal, en un flujo de configuraciones de poder llenas de eventos desastrosos y deshumanizantes. Nos sitúa ante la encrucijada del tiempo lineal y su progresión: como las estelas de los navíos que trazaron, dolorosamente, la superficie, fondo y trasfondo del mar. Frente a este orden temporal, Kilomba transforma el espacio con un ciclo de apariciones biográficas, individuales y colectivas, que conjuran la (r)existencia Negra más allá del colapso, anticipándose a los límites de la muerte con una imagen viva de su persistencia, tanto en un futuro cercano como lejano.
La exposición interviene en la narrativa lineal que avanza sin retorno, ensalzando la destrucción y construyendo una historia sobre la trata de personas esclavizadas en el mercado triangular —de Europa a África y luego América— como una glorificación de hazañas, heroicidades y otredades.[1] Esta visión moderna ensombrece las vidas Negras, relegándolas a la invisibilidad. Para rescatar estas memorias, la artista recurre a archivos vivos: desde los cuerpos hasta los cantos, y de estos a los sedimentos aéreos o terrestres, donde las historias se mezclan en las marejadas y sismos del océano interconectado. La linealidad del pensamiento, como señala Kilomba, obstaculiza la responsabilidad, el reconocimiento y la reparación social.[2] La exposición señala que al marcar el pasado como un hecho aislado, se impone el olvido, se justifica la repetición de tragedias y se perpetúa el desconocimiento. Por ello, es urgente imaginar futuros donde las vidas Negras sean centrales en la narrativa de lo no contado. Siguiendo a autoras como Saidiya Hartman, Djamila Ribeiro, Christina Sharpe, Hortense J. Spillers o Sylvia Wynter, pero con formatos heterogéneos, Kilomba presenta su rescate del fin, de la autodeterminación sobre la vida propia y las ausentes: arrebatarle al presente colonial/postcolonial la violencia y desaparición “gratuitas”.
Para desafiar el rumbo actual del mundo, es esencial desmantelar la objetualización de quienes (re)existen y las escenificaciones de su sometimiento, presentes tanto en archivos como en relatos. La lucha constante radica en invertir estas mistificaciones y cuestionar el mito occidental. En A World of Illusions, Kilomba interviene en ese principio mítico para desarticular tres estrategias de anulación: la repetición histórica violenta como destino inercial (Edipo), el uso unívoco de la palabra (Narciso y Eco) y la división entre humanidad y deshumanización (Creonte en Antígona). Los mitos, vistos como ilusiones primitivas, dejan de serlo al consolidar la mitología occidental. Kilomba cuestiona este proceso, revelando cómo la reproducción de ciertas lógicas ha perpetuado la exclusión y desvalorización de otros saberes, ocupando dramáticamente la representación eurocéntrica y exponiendo sus puntos ciegos.
Ante el paradigma selectivo y los fundamentos mitopoiéticos del poder, la reparación propuesta por Kilomba, parte de una visión transformadora que desafía los tiempos y ritmos de las narrativas dominantes.
The Desire Project (2016), instalación presentada antes en Brasil pero ausente aquí, encarna la lucha al desarticular poder, mitificación y patriarcado. Incluye un grabado del siglo XVIII de Anastácia, una mujer esclavizada silenciada por una mordaza de metal que le impedía hablar, comer o decidir sobre su vida. Kilomba propone una vigilia como acto de amor y resistencia, invitando a reflexionar sobre quién puede hablar y producir conocimiento cuando el silencio es norma. Aunque el grabado y el altar no están en la exposición de Madrid, su esencia persiste en la voz de la artista y en frases de «Mientras Yo Camino, Mientras Yo Hablo, Mientras Yo Escribo», acompañadas por tambores que resuenan como eco de la palabra en fuga.
Conocimiento en acción
Kilomba ha referenciado al «performing knowledge» como clave para dar el paso hacia un conocimiento postcolonial/descolonial.[3] Destaco este aspecto de su trabajo porque es precisamente allí donde la exposición gana una cohesión; en una apuesta por las artes del tiempo (time-based media) y por la materialidad de una atemporalidad inseparable: entre pasado-presente-futuro.
La predilección por el ensayo y la recuperación de los repertorios culturales, en forma de ópera, libreto, transcripción o lectura en voz alta, habilita la producción de relaciones alternativas en/de la mirada, la percepción, el movimiento y la corporalidad desde/con lxs cuerpxs Negrxs; es decir, un vuelco radical en la narrativa, en los papeles y las condiciones de representatividad producidos por el canon clásico sobre las tragedias sociales y la personificación de esx "otrx". Esto nos enfrenta a una pregunta: ¿cómo darle rostro y palabras a la supervivencia, reaparición, emergencia y resurrección del sufrimiento y la ausencia en el guión de la realidad social?
Actores, músicos, bailarines, ponentes o la propia artista crean reenactments o escenas recurrentes que «emergen y viajan en el tiempo» dentro de la teatralidad social, pero con alteraciones intencionales, orientadas hacia composiciones estructuradas y minimalistas. Los comportamientos se despliegan simultáneamente:[4] primero, desde las vidas y cotidianidad de los intérpretes. Este espacio clave establece una conexión entre sus vidas y los actos ya "modificados" dramatúricamente. Segundo, en experiencias de mundos futuristas y post-catastróficos que se expanden en una esfera digital infinita. Ese límite difuso entre lo teatral y lo performativo compromete a la obra con la transformación de vivencias comunes, descartando la improvisación e integrando otras humanidades en el esquema de actuación social. Mientras el teatro convencional ha adoptado proyecciones, símbolos e imágenes de lo que no se quiere ser, Kilomba propone un espectáculo deseante que rechaza la norma y establece un dispositivo de autorrepresentación.
La caja negra, como sinónimo del teatro clásico, encuentra su inversión en el cubo blanco de Kilomba; un espacio más próximo a una galería que explora la metáfora de la pigmentocracia en escena. En el catálogo Desobediências Poéticas (2019), editado bajo el mismo título de esta exposición individual en la Pinacoteca de São Paulo, Brasil, Kilomba irrumpe en el desenlace de la pieza Illusions vol.I Narcissus and Echo y, como contadora de historias griot[5] en el onceavo capítulo, ella declara:
«Vivo en un espaciode intemporalidad.
En un espacio vacío.
En un espacio blanco.
En una infinitud blanca.
En un ‘cubo blanco’.
que es mantenido blanco por personas blancas.
En un ‘cubo blanco’que se presenta
ausente de colory de significado.
Pero el blanco
no es la ausencia de color,
sino la acumulación
de todos los colores.
Es la acumulación
de todos los colores posibles.
De hecho, (negro p̶r̶e̶t̶o̶)
es la ausencia de color.
Una metáfora interesante, ¿no?
La negritudsiempre se ve,
pero está ausente.
La blanquitud nunca se ve,
pero siempre está.»[6]
¿Cuáles son las fricciones que el trabajo de Grada Kilomba produce según los distintos escenarios que activa?
Escenario y vestigio: Lugares de sedimentación
A partir de Opera to a Black Venus, 18 Verses y su conexión con The Boat (2021)[7] una performance hecha para el festival Alcántara de Lisboa,[8] haré algunas anotaciones sobre el escenario y el vestigio, dos términos que invocan múltiples remanencias. Escenario y vigilia son operadores narrativos y performativos que encapsulan indefinidamente realidades (a)sincrónicas y marcan la continuidad de lo que Christina Sharpe advierte es «un pasado que no pasó» pues continúa latente. Para Sharpe, No Vestigio. Negridade e Existência (2023), los múltiples registros del vestigio como conocimiento, vigilia, forma del duelo e insistencia en la existencia Negra, con sus diversos matices, comienzan en un navío y continúan en una semiótica semejante pero contemporánea: «en los movimientos forzados de personas esclavizadas, movimientos de migrantes, refugiados, vigilancia de personas Negras en barrios y calles de América del Norte, travesías continuas y ahogamientos en el Mar Mediterraneo, brutales re-imaginaciones del barco “negrero” y del “arca”».[9]
Opera to a Black Venus, una ópera contemporánea, está compuesta por un ensamble de voces que incluye cinco tenores, seis contraltos, tres bajos, seis sopranos y dos bailarines de ballet. La composición musical para piano, junto con las respiraciones pronunciadas y los movimientos corporales del coro, se combinan por momentos con los gestos del vuelo o del nado de los bailarines, creando un espacio flotante que se completa en el espacio de nuestra imaginación. El formato de video-instalación de grandes dimensiones, permite que estos bailarines nos envuelvan en sus movimientos sutiles y agónicos.
La figura de Venus encarna nuevamente una semiótica múltiple, es decir, una variedad de símbolos y significados que convergen en arquetipos y cuerpos femeninos con destinos opuestos. En este caso, Venus es un índice de la alternancia entre: el tiempo histórico y el geológico, el canon estético de la belleza occidental, el tráfico transatlántico de mujeres negras —exhibidas en palcos bajo los regímenes visuales de las fantasías coloniales— y el colapso planetario.
La Venus ha pasado de ser un artefacto neolítico, ex-libris de la cultura matrilineal de la prehistoria, a ser adoptada como diosa greco-romana del amor y la guerra. Posteriormente, a ser un símbolo de innumerables representaciones de la belleza en el arte occidental. En el extremo opuesto de esta historia, en la Venus en Dos Actos (2008) que nos presenta Saidiya Hartman, ella aparece en los archivos de la esclavización como una niña muerta transportada en un barco llamado Recovery. Pero sobre todo, se vuelve una figura rastreable por todo el atlántico, equivale a una testigo muda y precaria del asedio sexual y violento. Escribe Hartman: «El barracón, la nave del barco de esclavos, la casa de la peste, el prostíbulo, la jaula, el laboratorio del cirujano, la cárcel, el cañaveral, la cocina, el dormitorio del amo– se convierten en exactamente el mismo lugar, y en todos ellos (esta mujer) se llama Venus».[10]
Las fronteras de la belleza del Norte y las guerras inminentes nos sumergen rápidamente en las crisis climáticas. Desde ahí, es inevitable vislumbrar un futuro para la Tierra similar al de Venus propuesto por esta exposición: un lugar devastado por temperaturas extremas. Su superficie, polvorienta, seca, volcánica y porosa, ejemplifica el agotamiento de los acuíferos, la casi desaparición de los cuerpos líquidos y la extrema aridez. El guiño a este planeta, tanto en la ópera como en el subtítulo de la exposición «Si se vaciara el agua», plantea el destino terrestre con un tono ficcional, pero cercano a la realidad del Capitaloceno.[11]
Paradoja de lo terrible, Venus amplifica un símbolo de clarividencia esperanzadora. Dos momentos de la ópera emocionan: la plenitud y la (re)existencia de las Venus del pasado. Sea como termine el mundo, cambiar la mirada sobre los cuerpos femeninos, invocando a aquellas excluidas, es parte de esta lucha. En un momento, Kilomba encarna a Venus; en otro, su hija, o ambas tocando el piano en dúo.
Por último, quisiera referirme a 18 Verses, una obra que me trae de regreso a Lisboa. Esta instalación, creada con gruesas vigas de madera, tela y pan de oro, utiliza técnicas de quemado y grabado sobre madera. Acompañada de voces y sonidos instrumentales, nos presenta otra forma de materializar el vestigio: en cada una de las piezas se grabaron versos en los idiomas de personas refugiadas: yoruba, kimbundu, criollo caboverdiano, portugués, inglés y árabe sirio. Los maderos son parte de The Boat, una silueta de barco "negrero" que se compone originalmente de 140 piezas y mide 32 metros de largo. Esta obra, diseñada para el espacio público, se colocó por primera vez en la zona turística de Belém, un ex-libris monumental de la ruta de los exploradores portugueses e ícono de las técnicas y tecnologías de las expediciones marítimas: barcos, rosas de los vientos, astrolabios, mapas, jardines botánicos, un convento y fuentes majestuosas. Por mandato del gobierno de la época, se organizó allí la Exposición al Mundo Portugués (1940), en la que un zoológico humano se presentó en el Jardín Botánico Tropical y simultáneamente, se instaló el primer modelo de lo que hoy se conoce como el Padrão dos Descobrimentos, una mastodóntica arquitectura colonial de 52 metros de altura con esculturas de cartógrafos, navegantes, reyes y héroes.
The Boat simboliza el naufragio epistemológico iniciado en esta ciudad. Apela a una horizontalidad radical mediante una experiencia contra-monumental que desarticula, de manera efímera e imaginaria, la verdad arquitectónica, los valores coloniales y las voces silenciadas de Belén. Retomando la idea de vestigio de Sharpe, The Boat se entiende como un estado de alerta: una emergencia visible y responsiva que rompe con las atrocidades cotidianas en Lisboa, proponiendo nuevas formas creativas de responder al terror, ya sea con los cantos de la obra o los movimientos de sus intérpretes. La exposición de Kilomba agudiza así la mirada de quienes practican la conciencia, distanciándose de los regímenes de poder y vigilancia estatal.
Zonas cruciales de contacto
Grada Kilomba visibiliza y espacializa su pensamiento teórico, basado en el psicoanálisis y en (re)invenciones del pensamiento Negro, así como en la teoría y práctica de una conciencia compartida por varias autoras mencionadas aquí. La relevancia de su trabajo reside en usar la imagen como vehículo de voces históricas, políticas, filosóficas y sociológicas, junto a símbolos como el barco, el cuerpo, la mercancía, la travesía marítima y Venus, que resisten ser reducidos a datos, archivos o cuerpos arrojados a la esclavización neoliberal. En este camino recurrente y cíclico, su discurso se convierte en un circuito cerrado, solidificando una narrativa, pero también revelando la soledad y la sed de luchar contra la falta de "Eco" en la sociedad.
Su trabajo no apela a estéticas afro-diaspóricas populares para mostrar un compromiso decolonial, sino que emplea una estética desconcertante para sociedades que defienden la modernidad en su forma sintética y abstracta (como Sharpe al referirse a la lógica calculadora y deshumanizadora de la modernidad euro-occidental y su explotación neoliberal). Al contrastar la sofisticación de este sistema de sumas y restas con el minimalismo artístico, es crucial analizar su función dentro de dicho sistema. Kilomba cuestiona la originalidad y autoría de estas formas, llevándolas a un marco globalizado de crítica al colonialismo. Sin embargo, este lenguaje estético vinculado a economías expansionistas puede resultar problemático en términos de reivindicación. ¿Hasta qué punto su minimalismo se desvincula de las perversiones expansionistas de la neovanguardia norteamericana y los conflictos geopolíticos de la Guerra Fría? ¿Surge descontextualizado de las disputas formales entre sistemas geo-económicos? ¿Basta la forma sin considerar el sistema que la envuelve? ¿Es esta una lectura premoderna de abstracciones culturales múltiples?
Para concluir, el minimalismo poscolonial activa una performatividad de lentitud y silencio, enmarcada en una economía maximalista de ganancias y minimalista de cuidados. Los relatos del Pasaje del Medio retratan a las víctimas secuestradas como seres silenciados y lentos, hacinados en bodegas, despojados de objetos que preserven su memoria. Aquí, el minimalismo adquiere un sentido de historia mínima, conservada en los restos de animales marinos y los estratos geológicos de un mar en evaporación.
'Negación', 'culpa', 'vergüenza', 'reconocimiento' y 'reparación' es uno de los ciclos de nivelación y equilibrio que Kilomba ha mencionado en su obra "The Dictionary" (2017-2019) como una hoja de ruta hacia la descolonización.
«Cuando ellos hablan, es científico; /cuando hablamos, no es científico. /Cuando ellos hablan, es universal; /cuando hablamos, es específico. /Cuando ellos hablan, es objetivo; /cuando hablamos, es subjetivo. /Cuando ellos hablan, es neutro; /cuando hablamos, es personal. /Cuando ellos hablan, es racional; /cuando hablamos, es emocional. /Cuando ellos hablan, es imparcial; /cuando hablamos, es parcial. /Ellos tienen hechos, nosotros tenemos opiniones. /Ellos tienen conocimientos, nosotros tenemos experienci
El equipo de artistas junto a Kilomba han transitado entre la personificación de Griots africanos o guardianes de los saberes artísticos y la historia oral (provenientes de los territorios actuales de Guinea, Guinea-Bissau, Mali, Gambia, Senegal entre otros), mitologías occidentales y visiones del futuro.
Grada Kilomba, "O Barco / The Boat" | BoCA Bienal 2021 (video), 31 de diciembre de 2021.
En Portugal, el barco siempre latente, los vacíos legales y la muerte persisten diariamente, reflejándose en las lógicas de los partidos políticos y sus agendas antimigratorias, en las luchas de las semiperiferias negras y barrios autoconstruidos, en la violencia policial y la falta de reconocimiento a sus aportaciones. En los últimos años, los casos de violencia racista en Lisboa han aumentado, al igual que las manifestaciones y organizaciones antirracistas, con 81 colectivos registrados. Entre las víctima
Christina Sharpe, "No vestígio: Negridade e existência" (São Paulo: Ubu Editora, 2023), 49.
Saidiya Hartman, "Venus en dos actos", Hemispheric Institute, s.f., acceso 26 de febrero de 2025
La performance se grabó en un paisaje desértico dentro de una zona forestal en Almoster, Portugal. El escenario, una cantera de extracción de piedra y materiales para cementos, concretos, agregados y cal hidráulica. En ese encuadre cerrado, no se dimensionan los factores ecológicos que han alterado negativamente el paisaje, ni el impacto desastroso en los ecosistemas donde opera la cementera SECIL - Companhia Geral de Cal e Cimento, S.A. Esta empresa también tiene sedes en el Parque Natural da Arrábida y en
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