Descripción de la Exposición
“THE TRUTH IS OUT THERE”, OR NOT
La llamada “semántica de los mundos posibles” admite que frente al mundo empíricamente observado se dan otras posibilidades elaboradas por la imaginación, la memoria o la palabra. El único requisito para crear “mundos posibles” es que este pueda ser concebido y que una vez concebido mantenga una coherencia interna.
En este sentido la realidad, como construcción intelectual, no debe ser aceptada siempre como anterior a la experiencia; de la misma manera que algunas imágenes se originan a partir de la realidad, algunas imágenes son capaces de generar realidades.
Los fantasmas o espectros que habitan los escenarios de Expediente X construidos por Isabel Rosado, todo lo que imaginamos o sabemos que en ellos ha sucedido, se hace visible a partir del simulacro de una arquitectura inexistente más allá de nuestra memoria o imaginación. La ruina, el lugar abandonado que proyecta la imaginación, se fija en la imagen de un momento pasado de máximo esplendor, y rememora un instante decisivo a partir del cual comienza su pérdida y destrucción imparable como la escena culminante de una obra teatral.
Tal y como John Berger comenta, el contenido de una fotografía deriva de su relación con el tiempo, de la intensidad de las ausencias y presencias, del recuerdo de lo ausente, de lo destruido y transformado. Si la fotografía tradicionalmente registra lo que se ve, lo tangible y real, se refiere siempre a lo que no se ve, “lo que muestra invoca lo que no muestra”.
Los escenarios, de Isabel Rosado, destinados a la representación de la vida, son los lugares donde se establecen relaciones entre los personajes, el público y la escenografía; son también el lugar de la evocación donde el actor interpreta un texto desde la ficción y es un espacio narrado (construido a partir de su descripción y que debe poder ser leído y en lo posible reconocido), activado y observado a través de mecanismos físicos o mentales. Estos escenarios, como objetos metafóricos, no tienen valor en sí mismos, su realidad inmediata y su valor de uso se transforman en símbolos que contienen la memoria de todos los que vivieron o podrían haber vivido en ellos.
Los lugares seleccionados y construidos por Rosado se sitúan entre el mito y el suceso verídico, ubicados en un tiempo y un lugar que nos son familiares y por lo tanto aportan una cierta verosimilitud. Como sucede con las dos ciudades de Aglaura (Italo Calvino, Las ciudades invisibles), los lugares que existen y los de la fabulación se mezclan en uno: [...]no hay nada cierto en lo que se dice de Aglaura y sin embargo de todo ello surge una imagen compacta de una ciudad[...] El viajero experimentado, que quisiera tener separadas en el recuerdo ambas ciudades, no puede sino hablar de una, porque el recuerdo de la otra, por falta de palabras que lo concreten, se ha esfumado.
Las construcciones de Isabel Rosado, “enunciados sustitutos” de las experiencias de primera mano y hábitats del pensamiento, no contienen toda la información (son literales por lo que muestran, pero también evocadoras de lo que falta). Exponen de forma intencionada los errores, el proceso y el material con que están hechos y por lo tanto no se deben entender como “maquetas” y sí como “modelos”.
Si las maquetas son copias tridimensionales a escala de un objeto, intentos de duplicar e imitar un objeto real en un proceso cerrado y acabado en sí mismo, los modelos parten de un objeto real o de una idea que en su proceso de creación va alejándose cada vez más de ellos hasta convertirse en algo nuevo.
El modelo, en su construcción, usa las técnicas del bricolaje, del “hazlo tú mismo”. Frente a la cultura del objeto terminado como fin último, se desarrolla el “placer de recrearse” en el proceso, la prueba y error. Utiliza materiales que son modificados repetidamente, que son reutilizados y transformados para construir un objeto para el que no han sido pensados específicamente o reutiliza residuos de otros procesos constructivos, y donde la dificultad de su construcción obliga a la reflexión antes de actuar apresuradamente.
El fin del modelo es cristalizar un momento o una etapa dentro de un proceso y no la representación exacta de un objeto. Su objetivo no se dirige tanto a la representación de los elementos como a buscar las relaciones entre ellos, a su estructura como esquema que facilita la comprensión y el estudio de realidades más complejas. Es, por lo tanto, un lugar de confrontación, con capacidad de crecer y de poder ser leído en múltiples capas de diversa complejidad, es propositivo (capaz de relacionarse con el mundo que lo rodea), abierto y capaz de transformarse.
Los espacios de Isabel Rosado, abandonados no sabemos si de forma permanente o definitiva, con algunos objetos como signos de lo que ha ocurrido antes de que los podamos ver, se hacen abstractos, universales, y por lo tanto pueden ser entendidos e interpretados como propios, desde nuestro tiempo, como intermediarios o mediadores que nos hablan de ellos como símbolos, haciendo hincapié en la construcción mental, en las atmósferas que sugieren la experiencia del lugar e introduciendo el presente, el pasado, lo real y lo imaginario.
“The Truth Is Out There”, or not.
Emilio Pemjean
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