Descripción de la Exposición Nunca la pintura de Yamaoka ha sido tan explícita como ahora. Acarreando materiales de los que se ha apropiado –ceniza, escayola y plomo- gracias a su uso fiel a lo largo de los últimos años, viene a cerrar el círculo que inició con las obras que vimos en la Galería Edurne a comienzo de 2007.
Si recordamos, eran aquellas las imágenes previas a la conciencia, la simplificación atroz del mundo lastimado por la guerra que pudieron haber visto y traducido los ojos de un niño. El mundo y sus accidentes: bombarderos como cuchillas cortando en dos el cielo de Japón, la instrucción escolar al aire libre o el fogonazo de una explosión sobre la geografía hermosa de una ciudad que podía encarnar el orden.
¿Cómo respondieron mis ojos al caos? ¿En qué líneas paralelas dibujé la frustración de mi primer paisaje? Yamaoka ha sido siempre un artista serio. Hace dieciséis años que sigo su obra y nunca ha abandonado el mismo camino. Por eso, formula preguntas y trilla las páginas de autores atormentados por inquietudes semejantes a la suya.
La guerra siempre deja desnudo el mundo. Para él, por mera coincidencia acaso, ése fue el punto de partida. Y se ejercitó en la estética de un drama esencial y congénito. Un drama que le pertenece como sus manos: existencial, esforzado, espiritual y carnalmente humano. Los artistas genuinos, cuando no lo esperas, dan un paso al frente.
Avanzan, como voluntarios, y suman algo que no creías posible: Yamaoka ha ganado en estas obras la calma. Imaginaos la mirada última de quien ha vivido. El alma en ascenso al Amado como diría San Juan de la Cruz o pintaría el Greco. Vería el mundo con la inteligencia de quien ha hecho por entender y entenderse. Vería el mundo pequeño, esencial como el niño sin conciencia – es cierto- pero sin sus preguntas.
Sinceramente, no podemos asegurar que sea Dios quien sostiene con las yemas de sus dedos las cuerdas que trazan la silueta de un valle. Ni podemos afirmar a ciencia cierta que el Mediterráneo que Yamaoka escogió como ámbito (se elige dónde se vive, no dónde se nace) se resume en el brillo de sus olas, del mismo modo que se resumen los álamos o el olivo en el ajedrez de sus hojas. Pero a mi modesto entender es desde allí ahora desde dónde pregunta y pinta Yamaoka. Desde la última hora consabida y perfecta, desde el último sueño concedido al hombre antes de su muerte, desde la gratitud de la vista. Busca, como ajedrez de sus hojas. Pero a mi modesto entender es desde allí ahora desde dónde pregunta y pinta Yamaoka. Desde la última hora consabida y perfecta, desde el último sueño concedido al hombre antes de su muerte, desde la gratitud de la vista. Busca, como otras veces la parte innombrable del hombre, la menos frívola, la densidad que nos anuncia divinos. Me decía que le había impresionado la última noche del viejo marino que había perseguido denodadamente un pez en El viejo y el mar, de Hemingway, porque era el sueño de un luchador, portentoso en su perseverancia, testarudo y exhausto. Y ese último sueño, antes de la muerte, sólo podía ser feliz.
Exposición. 09 ene de 2025 - 14 feb de 2025 / Galeria Leandro Navarro / Madrid, España
Formación. 01 oct de 2024 - 04 abr de 2025 / PHotoEspaña / Madrid, España