Descripción de la Exposición
RAFAEL PABLOS.
LA MONTAÑA,
El hombre que escuchaba a la montaña.
En un pequeño pueblo, rodeado de altas cumbres, se encuentra una misteriosa montaña.
Una tarde, mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de las laderas, Rafa, un joven fotógrafo con su cámara y su corazón lleno de preguntas, comenzó el camino de su aprendizaje.
La senda era muy empinada como intentando proteger el misterio de la montaña.
El aire se volvía más frío conforme ascendía, y la tranquilidad era tal que incluso sus propios pasos parecían suavizarse al contacto con la tierra.
Después de varias horas de caminata, Rafa llegó a un claro en el que la niebla comenzaba a levantarse, dejando al descubierto una vista impresionante. A lo lejos, el pueblo parecía una mancha diminuta, de repente, algo extraño ocurrió, un leve sonido como un susurro se dejó oír en el viento. Rafa se detuvo, intentando escuchar, era como si la montaña le hablara, pero las palabras se perdían antes de llegar a él.
“¿Quién habla?”, murmuró Rafa.
La montaña pareció responder, trayendo consigo una sensación extraña, como si una voz antigua le hablara directamente al corazón. "No busques respuestas, busca la pregunta. Soy yo, la fotografía, estoy aquí contigo, vengo de ti, de tus miedos, tus dudas, tus angustias, me das tanto amor que he querido conocerte.”
Al instante se reconoció en ella y experimentó una extraña armonía que le brindaba la montaña, detrás quedó la duda, la incertidumbre, el sentirse devorado por la fotografía, atrapado en ese instante que se plantea resuelto, con la mirada abierta como comiéndola a trozos, para entenderla, descubrir su secreto, vivir envuelto en ella, cubrirse en ella hasta perder el sentido.
Rafa se ató fielmente a lo que había escuchado, algo cambió en él, el aire fresco, la quietud de la montaña, la luz, todo resonaba en armonía con esa frase misteriosa, “he querido conocerte”, con cada paso que daba, el silencio era más profundo, y el susurro más claro.
Pasaron varias horas hasta que alcanzó la cima. Allí, en lo alto, se encontró una piedra plana enorme, parecía haber sido colocada adrede, se sentó sobre ella y mirando el vasto paisaje que se extendía ante sí se adentró en la magia de la fotografía.
La vista era espectacular un mar de montañas se extendía hasta donde alcanzaba la vista, bañado por la luz dorada del atardecer, sacó su cámara y en ese momento, sintió en él, una oleada de inspiración. Comenzó a capturar la belleza del paisaje, cada imagen era más vibrante que la anterior.
Mientras disparaba, se dio cuenta de que la inspiración no se encontraba de forma gratuita, sino en el trabajo, en la experiencia misma de estar presente, de sentir, de observar, de entender mirar. La montaña le había enseñado que la creatividad fluye cuando uno comprende que es parte de la naturaleza misma.
Aprendió que, a veces, perderse es la mejor manera de encontrarse. Desde entonces, cada vez que siente que la inspiración se desvanece, sabe que solo tiene que mirar a la montaña.
Rafa vive en la imagen, trabaja en ella, se le acerca y ésta suavemente le susurra el íntimo secreto de su misterio, él la escucha atentamente, la aprueba, la discute, como una amiga de siempre, en una fracción de segundo detiene el breve paso de un verso, de una intensa melodía o la bala de un revolver, la imagen fija, atrapada, cómplice de su mirada.
Es así como se relaciona con ella, cómo la entiende, en una relación de infinitas técnicas y nos desvela en cada imagen la pasión de una forma de mirar, de mostrar un sentimiento, quien vive así la imagen, con la intensidad que él lo hace, con la humildad del aprendiz que transita el camino lentamente, es sencillo retratar.
El elemento principal de la serie de Rafael es una parte de las montañas de las Hoces de Vegacervera de León, una roca blanca y muy bella como señala el mismo autor a la que se dirige como su roca.
La Montaña, es la imagen que da pie a las diferentes técnicas y manipulaciones que nos muestra y practica con la pericia de un maestro.
La montaña de Rafael, muestra como la de Paul Cézanne esa transformación en el arte, la manera en que lo entendemos a través de la experimentación y el cambio dentro del mismo paisaje, tener un conocimiento amplio de la serie Montagne Sainte-Victoire, nos ayuda a entender el interés de Cezanne por esa montaña, ligado siempre al regreso del artista a Aix-en-Provence y cómo esta montaña no solo formaba parte de su infancia, sino que también era una manera de investigar y entender la naturaleza de la imagen y nos hace pensar en cómo apropiándose de ella y a través de diferentes tratamientos es posible ver como ésta se transforma y se reconstruye, manteniendo siempre toda su esencia y carácter.
Cézanne explora la montaña de Sainte-Victoire lo mismo que Rafael su montaña como una forma intensa de entender el arte, las formas la luz y los matices que la acompañan.
La montaña es una especie de autobiografía para Rafa, como lo fue para Cézanne, que se dedicó a volver a esa montaña en múltiples ocasiones y lo representó en diferentes momentos de su vida.
Siempre volvía a Sainte-Victoire con una gran fascinación por la montaña así es como aparece en al menos veinticinco lienzos desde principios de la década de 1880 hasta su muerte en 1906, el artista siempre tuvo el deseo de entender y experimentar.
Hoy me he vuelto a descubrir
caminando en la montaña.
Pues necesito encontrar
la caracola del tiempo.
Escuchaba esta mañana
la brisa fresca del campo
y al pasar me susurraba,
la mirada de la imagen
tiene un concierto de dudas.
Hoy me he vuelto a descubrir
caminando en la montaña.
Jorge Alonso Molina.
Oviedo 2024.
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