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Festival Folclórico - Una Imagen Construida

Exposición / Museo de Arte del Tolima - MAT / Carrera 7 No 5-93 B/Belen / Ibagué, Tolima, Colombia
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Cuándo:
19 jun de 2024 - 21 jul de 2024

Inauguración:
19 jun de 2024

Comisariada por:
Luis Fernando Bautista Rodriguez

Organizada por:
Museo de Arte del Tolima - MAT

Artistas participantes:
Jorge Elías Triana, Luis Alberto Acuña Tapias, Luis Fernando Jaramillo, Mabel Castro

       


Descripción de la Exposición

Artistas participantes en la exposición: Hernando Bazurto, Paola González, Natalia Gualanday, Luis Fernando Jaramillo, Mabel Castro, Floriberto Cardona, María Márgareth Bonilla, Bernardo T. Solano F, Lucy Angelica Chávez Guzmán, Dagoberto Díaz Guzmán, Jorge Elías Triana, Jesús Niño Botia, Luis Alberto Acuña, Benhur Sánchez, Fabio Artunduaga Ospina. FESTIVAL FOLCLÓRICO. Una imagen construida. La Herencia Festiva Durante la época de la conquista de América, la festividad de San Juan Bautista era una de las principales celebraciones de la cristiandad en Europa. Este festejo ya tenía una larga tradición que se remontaba a los primeros tiempos del cristianismo, con raíces en ritos y mitos precristianos. La importancia de esta festividad se puede atribuir al hecho de que San Juan Bautista era el santo más venerado en todos los países cristianos de Europa. Paralelamente a la devoción hacia el Precursor de Cristo, se celebraba su festividad, donde sus principales rasgos de la fiesta de San Juan Bautista estaban relacionados, por un lado, con su ubicación en el calendario, coincidiendo con el solsticio de verano, siendo el 24 de junio el día designado para su celebración; y, por otro lado, con los elementos fundamentales de la fiesta, que incluían el sol, el agua, el fuego, la vegetación, ciertos animales rituales, el amor, el sexo, la agresividad y la violencia. El vínculo con el agua en la celebración al Santo se deriva de la conexión con el bautizo de Cristo, pero a su vez esta festividad tiene implicaciones relacionadas con los fundamentos de la vida humana que se celebraban en esas mismas fechas. Al igual que el agua, el sol y el fuego eran fundamentales. La celebración se realizaba a través de grandes hogueras que acompañaban o iluminaban las danzas en celebración y espera hasta la salida del sol. Estas dinámicas, que implicaban los elementos y los cuerpos, eran prácticas con ideas supersticiosas que aludían a curaciones del cuerpo y alejaban las maldiciones. Sin embargo, estas prácticas fueron rechazadas y atacadas por la iglesia con el fin de que se extinguieran. No obstante, estas manifestaciones persistieron y llegaron hasta el territorio del Nuevo Mundo. Desde los primeros tiempos coloniales, las fiestas de San Juan y San Pedro formaban parte de las festividades religiosas que la Iglesia había determinado como de obligatoria observancia. Esto significaba que, al ser días festivos, estaban dedicadas al servicio de Dios y a la ejecución de obras espirituales. Sin embargo, hacia mediados del siglo XVI, se denunciaba que dichas fiestas no se respetaban ni se empleaban para los fines espirituales para los cuales fueron instituidas por la Iglesia. En lugar de asistir a misa y escuchar el sermón y la palabra de Dios, los cristianos se entregaban a juegos, comidas, bebidas y otras diversiones, descuidando los oficios religiosos. De esta manera, las celebraciones con motivos espirituales se desviaban hacia prácticas paganas, similares a las realizadas en el continente europeo. La Iglesia criticaba estas "disoluciones viciosas" que, según sus autoridades, dañaban el alma. A pesar de los esfuerzos por mantener el carácter religioso de las festividades, la influencia de las tradiciones populares y paganas persistía, transformando la manera en que se celebraban estas importantes fechas en el Nuevo Mundo. A principios del siglo XX, la celebración de estas fiestas estaba firmemente arraigada en el territorio, fusionando la devoción religiosa con elementos paganos. Un ejemplo notable de ello es el fervor de las fiestas dedicadas a San Juan y San Pedro en varias poblaciones del Valle del Alto Magdalena. Los numerosos devotos de estos santos se esmeraban por mantener su culto y, sobre todo, por celebrar sus festividades. Estas celebraciones incluían la realización de altares y ceremonias religiosas en honor a los santos, seguidas por festividades que combinaban corridas de toros, bailes, peleas de gallos, comidas y bebidas típicas, y muchas otras actividades que se entrelazaban con la devoción espiritual. Sin embargo, hacia mediados del siglo XX, estas celebraciones se vieron afectadas por la violencia bipartidista que oscureció el panorama nacional. No fue hasta los años sesenta que, en el caso del Tolima, se creó un festival dentro de esta celebración con el fin de menguar la violencia a través del festejo. Nacimiento del festival folclórico A instancia del concejo de Ibagué, se aprobó un Acuerdo para la realización de un festival folclórico en la ciudad. Sin embargo, este acuerdo no tuvo efecto hasta que un grupo de concejales, encabezado por Néstor Hernando Parra, tomó la iniciativa de cumplir lo aprobado: llevar a cabo el Primer Festival Folclórico de Ibagué. La organización del evento fue confiada a Adriano Tribín Piedrahita, quien presentó su propuesta a finales de 1958. A diferencia del modesto evento inicialmente pensado, el proyecto de Tribín Piedrahita concebía un festival de gran envergadura: “mi criterio era exponer un amplio plan, que salía de lo monótono y trivial para convertir el festival en un espectáculo de esplendorosa categoría”. El objetivo del festival no era solo realizar un evento de alto nivel cultural y de trascendencia nacional, sino también contribuir a redimir al Tolima del sangriento drama de la violencia. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones del organizador, la propuesta no fue bien vista por el Gobernador Rafael Parga Cortés, quien veía en el evento un riesgo de acrecentar la violencia en el departamento. A pesar de la oposición, la propuesta fue difundida por Tribín Piedrahita en la plaza pública, la universidad, el conservatorio, los colegios y la población en general. Tribín incluso recibió amenazas por insistir en su proyecto, pero consideraba que el peligro de la violencia era un riesgo necesario para que “la alegría fuera la terapéutica salvadora de aquella situación de conflicto”. Las opiniones estaban polarizadas, y para dirimir la cuestión se convocó un Cabildo Abierto. Mientras este sesionaba, el pueblo tomó las calles, colmó la plaza de Bolívar y dio una muestra de festividad con orquestas, tríos, duetos, estudiantinas, y un pueblo ansioso de escapar de la tragedia impuesta por la violencia irracional de la época. Terminada la sesión del cabildo, se habló con el gobernador Parga Cortés. Tribín Piedrahita volvió a exponer sus puntos de vista, argumentando que la propuesta no era ruin ni mezquina, sino que pretendía sacar de entre el terror creado por la violencia irracional, la cara linda del Tolima. De esta reunión con el Gobernador se obtuvo el acuerdo de llevar el asunto del Festival al presidente Alberto Lleras Camargo. Antes de la reunión con el presidente, que tuvo lugar el 14 de febrero de 1959, Tribín Piedrahita presentó el proyecto del Festival a Darío Echandía, quien se mostró a favor de la propuesta y prometió hablar del asunto con Lleras Camargo. El presidente, después de escuchar los argumentos de las dos partes, expresó su conformidad con la realización del Festival en la forma propuesta por sus organizadores. Con la aprobación del presidente de la república, se procedió a la organización del Festival. Entre las personas que acompañaron a Tribín Piedrahita en la presentación de este primer evento estaban Julio Fajardo, Aida Saavedra, Jaime Rengifo Pardo, Néstor Hernando Parra e Isabel Sarmiento. Adjunto al nacimiento del Festival Folclórico, nació la Galería Departamental de Artes Plásticas, establecida por el decreto 482 de 1960 del gobierno departamental. La colección se amplió rápidamente con la adquisición de numerosas obras financiadas por la ley 27 de 1961, que asignó 50 mil pesos para este fin. Estos dos hechos significativos, el nacimiento del Festival Folclórico y la Galería Departamental, son testimonios de la importancia de la agencia cultural en un departamento que buscaba redimirse a través del arte y la cultura. Luis Fernando Bautista Rodríguez


Entrada actualizada el el 24 mar de 2025

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